En un deporte dominado por los flashes de los K.O y las declaraciones explosivas, Merab Dvalishvili representa algo distinto: la constancia. No es el peleador más mediático, ni el que busca polémica, pero su impacto dentro del octágono lo está colocando en un lugar reservado para los más grandes. El georgiano, actual campeón bantamweight de la UFC, se prepara para un desafío histórico: lograr su cuarta defensa del título en un solo año, algo que ningún otro campeón ha conseguido en la historia moderna de la organización.
La cita será en UFC 323, el 6 de diciembre en Las Vegas, y su oponente será un viejo conocido: Petr Yan, excampeón y uno de los strikers más temidos de la división. Un combate que no solo promete intensidad, sino también un significado simbólico: el choque entre la agresividad calculada de Yan y la ética incansable de Merab.
De luchador subestimado a máquina de victorias
El camino de Dvalishvili hasta el cinturón ha sido todo menos fácil. Llegó a la UFC sin grandes expectativas, con un estilo basado en el wrestling y una energía inagotable que muchos consideraban caótica. Sin embargo, con el tiempo, esa intensidad se transformó en su marca registrada.
Merab no gana por golpes espectaculares ni sumisiones cinematográficas. Gana por desgaste, por volumen, por no dar un segundo de respiro. Su ritmo rompe al rival física y mentalmente. De ahí su apodo entre los fans: “The Machine”.
Tras conquistar el cinturón, Dvalishvili ha demostrado una consistencia inédita: tres defensas exitosas en menos de doce meses, y todas contra rivales de élite —entre ellos Sean O’Malley, Cory Sandhagen y Marlon Vera. Cada pelea ha sido una muestra de su estilo implacable, una mezcla de cardio infinito, presión constante y una mentalidad inquebrantable.
El regreso de Petr Yan: una historia inconclusa
El enfrentamiento con Petr Yan añade un componente narrativo irresistible. Su primera pelea, en 2023, terminó con una victoria clara para Dvalishvili, quien lo dominó durante cinco asaltos con 49 derribos intentados y un ritmo asfixiante. Pero Yan, que llegó a ser uno de los campeones más técnicos y temidos, no ha olvidado esa derrota.
Esta revancha es, para él, una oportunidad de redención. Para Merab, es un examen más en su camino a la inmortalidad. En palabras del georgiano, “no tengo nada que probar, pero sí mucho por hacer”.
Y ese “mucho” es un récord. Si logra superar nuevamente a Yan, Dvalishvili se convertirá en el primer campeón en defender cuatro veces un título de UFC en un mismo año, superando registros que hasta ahora parecían imposibles.
Más que un cinturón: una filosofía
Merab Dvalishvili no solo defiende su título; defiende una manera de entender el deporte. En una era donde el marketing y el “trash talk” parecen dominar la atención, su figura representa el otro extremo: la del trabajador incansable que habla poco y entrena siempre.
Vive y entrena junto a su amigo Aljamain Sterling, quien fue campeón antes que él. Ambos representan la escuela del esfuerzo, del compañerismo y de la lealtad al gimnasio por encima del ego. Y aunque no siempre obtiene el reconocimiento mediático que merecen sus logros, Merab ha sabido ganarse el respeto de la comunidad del MMA por pura entrega.
El legado que está construyendo
La pregunta ya no es si Dvalishvili puede seguir ganando, sino hasta dónde puede llegar. Con 17 victorias en la UFC, una durabilidad impresionante y un estilo que parece diseñado para anular a cualquier tipo de rival, su nombre empieza a mencionarse junto a los grandes dominadores de divisiones menores como Demetrious Johnson o Dominick Cruz.
Pero lo que realmente distingue a Merab es su mentalidad. No pelea por dinero ni fama; pelea porque ama la competencia. “Cada vez que entro al octágono, siento que es un privilegio”, dijo en una entrevista reciente. “Mientras tenga energía, seguiré haciéndolo”.
Y si algo no le falta a “The Machine”, es precisamente eso: energía.




